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La farmacia en la nevera

Las bacterias probióticas son microorganismos vivos que, ingeridos con los alimentos, ejercen efectos beneficiosos para la salud. Abelardo Margolles, investigador del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA), lleva cerca de una década estudiando su funcionamiento. Los probióticos, mayoritariamente bacterias lácticas, son componentes habituales de las poblaciones de microorganismos que están en el intestino de personas sanas. Margolles recuerda que numerosos estudios científicos han avalado sus efectos sobre la salud. Reducen, por ejemplo, la duración de las diarreas, alivian los síntomas de intolerancia a la lactosa y algunas alergias en niños. Existen además resultados muy prometedores que parecen indicar su influencia positiva sobre algunas enfermedades autoinmunes como la colitis ulcerosa y algunos tumores.

El IPLA lleva años estudiando varios aspectos relacionados con las posibles actividades beneficiosas de estos microorganismos, más en concreto de los Lactobacillus y Bifidobacterium , y sus aplicaciones como componentes funcionales en productos lácteos. Margolles explica que, tras un decenio de estudios, el interés del equipo en el que trabaja se centra ahora en la selección de bifidobacterias resistentes a las condiciones adversas del intestino, principalmente la acidez y la presencia de sales biliares. El propósito es que sean capaces de sobrevivir, y más tiempo, a los procesos tecnológicos que se utilizan durante la elaboración de productos lácteos.

Abelardo Margolles explica que estas bifidobacterias tendrían por lo tanto una ventaja añadida. “Se podrían mantener vivas durante más tiempo tanto en los alimentos como en nuestro organismo y eso teóricamente les permitiría desarrollar mejor su papel beneficioso”, indica. El IPLA se encuentra ahora en pleno proceso de diseño de un alimento funcional –bifidobacterias añadidas a leche fermentada– basado en esta idea. Margolles es cauto pero cree que el año próximo podrán presentarse resultados. Después, llegará el momento de publicar o patentar el hallazgo y ponerlo a disposición de la industria.

No es la única línea de investigación. Además el IPLA está estudiando también el efecto de los prebióticos: compuestos que al ser ingeridos favorecen la multiplicación de las bacterias beneficiosas para el intestino. Margolles apunta que algunas bifidobacterias y lactobacilos con los que trabajan son capaces de producir polímeros de carbohidratos, llamados exopolisacáridos, que podrían actuar como prebióticos. Son polímeros producidos de forma natural por las bacterias por lo que, de nuevo, tienen gran potencial para su aplicación en alimentos funcionales.

J.S.S.E.

La leche de almendras complemento alimenticio ideal para épocas de frío e intolerantes a la lactosa

La profesora Milagros Mateos del Departamento de Producción Animal, Ciencia y Tecnología de los alimentos del CEU Cardenal Herrera ha señalado que la leche de almendras “bien utilizada” es un buen complemento alimenticio para el invierno “por su alto contenido graso y de carbohidratos”, aproximadamente entre un 14% y un 20%. Ese contenido hipercalórico es recomendable en épocas de desgaste físico y en periodos fríos, ya que el metabolismo humano necesita de esas calorías para mantener la temperatura corporal.

Asimismo, Mateos ha señalado que esta leche “es más energética que la leche de vaca u otras leches existentes en el mercado”. No obstante, ha incidido en apuntar que “este producto, no sustituye a la leche de origen animal, puesto que son alimentos distintos con propiedades diferentes, sino que son complementarios en la dieta nutritiva de cualquier persona”.

Mantiene el colesterol, es apta para celiacos, recomendada por su astringencia e indicada para embarazadas y lactantes

Por sus propiedades la leche de almendras ayuda a mantener el colesterol sanguíneo en niveles recomendables como destacan los expertos del Departamento de Fisiología, Farmacología y Toxicología del CEU UCH. Un estudio dirigido por las profesoras Alicia López y Encarna Castillo, concluye que el consumo de la leche de almendras evidencia una tendencia a disminuir los valores de glucemia y colesterol de los pacientes que la consumieron durante un determinado periodo de tiempo.

Entre los beneficios que se derivan de la ingesta de esta leche está el poder ser consumido por las personas que no ingieren productos de origen animal, por celíacos ya que no contiene gluten, y por todas las personas intolerantes a la lactosa.

Por su astringencia como constata la profesora del CEU Cardenal Herrera Milagros Mateos, “está especialmente recomendada en caso de diarreas, acompañada de una buena dieta”. En general es recomendable para los niños lactantes por su alto contenido en minerales y vitaminas B1 y B2 relevantes para el desarrollo del cerebro y la visión del menor.

También los expertos de la universidad CEU Cardenal Herrera la recomiendan para mujeres embarazadas por sus niveles de potasio, fósforo y calcio, siempre y cuando no esté contraindicada en casos concretos. Además es aconsejable en pacientes con cardiopatías o problemas del corazón ya que la leche de almendras posee una cantidad baja de sodio y equilibrada de ácidos grasos mono y polinsaturados, beneficiosos para estas dolencias.

El mejor momento para tomarla

Como han señalado los expertos de la Universidad CEU Cardenal Herrera es recomendable que se consuma “en la parte del día en que se vaya a tener un mayor desgaste físico” y no tanto por la noche “cuando ya no necesitamos alimentos con un aporte energético que no vamos a quemar”.

Los consumidores deben conocer las variadas presentaciones que posee en el mercado. Predominan, como ha destacado la profesora Milagros Mateos, en su presentación diluida “ya mezclada y lista para consumir” o concentrada “a la que hay que añadir la cantidad de agua recomendada en las indicaciones del envase”.

Es aconsejable que no se abuse de este producto y muy importante fijarse en las etiquetas “pues pese a que es una leche baja en azúcares y, por tanto, recomendable para diabéticos o apta para celíacos, a veces se le añaden aditivos que la hacen incompatible con la diabetes u otras enfermedades” ha apuntado Mateos.

La experta del CEU Cardenal Herrera ha aconsejado a los consumidores “ver qué sustancias se le pueden haber añadido en el proceso de elaboración” y, ante todo, “buscar aquella cuya etiqueta contenga la mayor información, como garantía de un mayor nivel de confianza sobre el producto”.

La leche de almendras, al igual que otros productos alimenticios puede mezclarse con café u otras sustancias utilizadas principalmente en el desayuno, pero tal y como aconsejan expertos del Departamento de Tecnología de los alimentos del CEU Cardenal Herrera “hay que tener en cuenta que la adición de azúcar, café o chocolate aportan una energía que se añade a la del producto”. Así pues, para un correcto consumo hay que adaptar la dieta a las calorías que ya se están consumiendo.

J.S.S.E.

¿Debe el bebé tomar sólo leche antes de los seis meses de edad?

El tema sobre la dieta de los bebés es de mucho debate: cada madre tiene “su librito” y asegura que su fórmula es la correcta. Para unas, iniciar al bebé en comidas más elaboradas que la leche, como compotas, papillas, e incluso vegetales y legumbres, es algo normal. Sin embargo, la visión de los especialistas en este punto difiere mucho, pues desde el punto de vista científico antes de los seis meses el cuerpo de un bebé no está preparado para consumir otra cosa que no sea leche.

Más que por capricho (o intereses, como aducen algunos padres) la aseveración de los especialistas está basada en razones  científicas. Lo primero es que la saliva -que convierte el alimento en bolo alimenticio y facilita su digestión- se produce en pocas cantidades, insuficientes para digerir alimentos solidos. El pediatra neonatólogo Marcos Díaz Guillén explica al respecto que “hasta los seis meses el niño es un lactante, eso quiere decir, que su única alimentación deberá ser la leche. Antes de esa edad, el niño no ha producido suficiente saliva para poder digerir alimentos sólidos. Y es que el primer paso de la digestión comienza en la boca donde la saliva juega un papel importante para la formación del bolo alimenticio. Muchas madres nos dicen que su niño desde los cuatro meses de nacido ya está comenzando con su dentición, porque empezó a babear, y no es eso, es que ya empezó la producción de saliva preparándose para cuando después de cumplidos los seis meses se le inicie la alimentación complementaria con otros alimentos”.

Además, señala el especialista, antes de los seis meses tampoco se producen en cantidad adecuada las enzimas gástricas y pancreáticas que junto con la saliva son muy importantes en el proceso de digestión de los alimentos sólidos. Y aunque a menudo no sean visibles para los padres que desconocen el tema, alimentar a los bebés con otros alimentos antes de este periodo sí tiene consecuencias, y nada agradables. El pediatra advierte que si el bebé consume otro alimento distinto a la leche antes de los seis meses quizás la criatura pueda experimentar trastornos intestinales o tal vez nada importante a corto plazo.

Los mayores problemas aparecerían con el paso del tiempo. “El problema será a largo plazo, porque al enseñar al niño tan pequeño a comer sólidos, harinas, grasas, víveres etc. estamos creando las bases para el sobrepeso y la obesidad, y esto sí que es un problema serio a largo plazo. La obesidad con sus implicaciones de hipertensión arterial, diabetes y cardiopatías las padecen los adultos, pero se fomentan y se inician en la niñez y mientras más temprano peor”, dijo el doctor  Díaz Guillen.

La doctora Clavel Sánchez, coordinadora de la Comisión Nacional de Lactancia Materna, recomienda también  dar solo leche a los lactantes, pero solo del seno, considerando que “la leche materna tiene todo lo que el bebé necesita para su crecimiento y desarrollo y su composición se adapta a la edad del infante”.

Sánchez aseguró que la alimentación a base de seno es una alimentación completa, porque tiene vitaminas, proteínas, grasa, calcio, fósforo, azúcares, hierro y agua y sustancias que protegen al bebe de enfermedades.

Casos especiales.  Algunos niños son intolerantes a la lactosa, en cuyos casos se debe recurrir a otros alimentos que no hagan daño a su organismo. Pero eso no es muy frecuente en los niños que solo se alimentan con leche materna. La lactosa es un azúcar o carbohidrato que se encuentra en todas las leches, incluyendo la materna.

 Deficiencia de lactasa o intolerancia a la lactosa

Es muy común y  aumenta a medida que avanzamos en edad, de ahí que muchos ancianos se quejan de que la leche les cae mal. Los asiáticos, entre estos los filipinos, más de un 80% de su población son intolerantes a la lactosa, de ahí la importancia del factor  genético”, añade el pediatra.

J.S.S.E.

Nutrigenómica e intolerancia a la lactosa

Con la realización de un estudio genético a una muestra de saliva, se puede determinar si poseemos un marcador genético que puede aumentar el riesgo de padecer intolerancia a la lactosa. De esta manera se pueden establecer unos hábitos alimentarios acordes al estado que presente el gen de la lactasa.La intolerancia a la lactosa es una afección que se caracteriza por una reducción de los niveles de lactasa en la mucosa intestinal. La lactasa es la enzima encargada de realizar la digestión de la lactosa, que es el azúcar presente en la leche y otros productos lácteos. Por lo tanto, las personas con intolerancia a la lactosa, no pueden digerir correctamente alimentos con lactosa, como la leche, queso o yogur.
Tras ingerir leche, una persona con intolerancia a la lactosa puede presentar distensión abdominal, flatulencia, diarrea o cólico abdominal. Los síntomas se presentan frecuentemente después de comer o beber productos lácteos y, a menudo, se alivian dejando de consumir dichos productos.
 
Factores genéticos
Existe un marcador genético, localizado en el gen de la lactasa, que predice de forma importante el riesgo de desarrollo de dicha afección. La realización de un estudio genético a una muestra de saliva analiza el mencionado marcador; de esta manera, se pueden establecer unos hábitos alimentarios acordes al estado que presente el gen de la lactasa.
 
Factores externos
Aunque los factores genéticos son los principales determinantes del déficit de lactasa, varios factores externos incrementan el riesgo de sufrir intolerancia a la lactosa:
• Padecimiento de enfermedades intestinales como la enfermedad celíaca o gastroenteritis.
• Intervención quirúrgica intestinal, ya que se pueden dañar las paredes intestinales y ocasionar déficit de lactasa.
• Consumo excesivo de alcohol, lo que puede dañar las paredes intestinales y, consecuentemente, ocasionar déficit de lactasa.
La intolerancia existe cuando una persona solo puede digerir correctamente entre el 20 y 30 % de la lactosa que ingiere, mientras que el 70 y 80 % restante pasa al intestino grueso, donde fermenta y origina molestias intestinales y flatulencia. Las personas con detección genética elevada de intolerancia a la lactosa podrían tolerar medio vaso de leche de una vez. Porciones mayores le podrían causar malestar abdominal.
No hay cura efectiva para la intolerancia a la lactosa, pero sus síntomas se pueden reducir fácilmente con las siguientes recomendaciones:
 
Consumo de productos lácteos sin lactosa
En el mercado existen productos lácteos sin lactosa. Es preferible el consumo de productos lácteos sin lactosa antes que su eliminación de la dieta, ya que este tipo de productos aportan varios nutrientes fundamentales para la salud, como el calcio y las vitaminas.
Consumo de bebidas de soja. Las bebidas de soja son un producto vegetal que aporta proteínas y grasas de origen vegetal. Su consumo está recomendado para personas con intolerancia o alergias a las proteínas de la leche de vaca, como la caseína, o intolerancia a la lactosa.
Yogur y kéfir. Los productos lácteos fermentados, como el yogur o el kéfir, contienen menor cantidad de lactosa debido a que gran parte de esta ha sido previamente digerida. De forma adicional, conviene recordar que este tipo de productos aporta una buena cantidad de calcio y vitaminas, necesarios para una buena salud ósea.
Queso. El queso curado también presenta una gran parte de su lactosa digerida, lo que facilita su consumo sin las molestias habituales de la leche o quesos frescos en personas con intolerancia a la lactosa.
El queso curado, al igual que el yogur y el kéfir, aporta una buena cantidad de calcio y vitaminas, lo que le ayudará a mantener una buena salud ósea.
 
Suplementación con calcio
Si debido a la intolerancia a la lactosa se opta por no consumir leche, es importante que se realice una suplementación con calcio. La dosificación debe ser indicada por un profesional de la salud.
 
Suplementación con lactasa
Si se opta por consumir leche normal, con lactosa, es importante que se tomen suplementos de lactasa para evitar las molestias de la intolerancia a la lactosa.
Ello ayudará a que digiera la lactosa de la leche mucho mejor, y sin molestias abdominales. En este caso, también la dosificación debe ser indicada por un profesional de la salud.

J.S.S.E.

Problemas intestinales pueden encubrir intolerancia a lácteos

Durante 2009 el piloto de motociclismo Casey Stoner terminó varias carreras vomitando, tanto que no pudo disputar pruebas del Mundial. Los médicos especulaban con dolencias digestivas y desórdenes mentales. Tenía intolerancia a la lactosa.

La lactosa es un azúcar presente en la leche de todos los mamíferos. Una sustancia que el organismo ha de degradar, dividir, para asimilar. Stoner no lo conseguía porque en su tracto digestivo faltaba la enzima necesaria, la lactasa.

A partir de 2010, cuando al fin le diagnosticaron esta dolencia, empezó a controlar la ingesta de lácteos, descansó durante unos meses y volvió al circuito recuperado y en forma. Este año ganó el Campeonato mundial de MotoGP.

Cuando no hay lactasa, o no en la cantidad suficiente, la lactosa no se absorbe y aparecen las diarreas, los vómitos, las flatulencias, los dolores abdominales, los reflujos gástricos y, en general, las molestias intestinales, según describe Alfredo Martínez, catedrático de nutrición de la Universidad de Navarra.

En España el índice de intolerancia a la lactosa puede estar en torno al 10% en niños y al 40% en adultos, comenta Francisco Tinahones, jefe de servicio de Endocrinología y Nutrición del hospital Virgen de la Victoria de Málaga.

En el Norte de Europa ronda el 5%; en África, el 90%. Tal distribución geográfica se debe a una “cierta selección genética”, sugiere Martínez: quienes consumen más leche (y quizá de más variedad) en la edad adulta desde épocas precoces, han llegado a nuestros días asimilándola mejor.

En Uruguay no existen estadísticas nacionales sobre cuántas personas padecen este trastorno, confirmó Gabriela Parallada, gastroenteróloga y magister en Nutrición. Como en el caso de Stoner los síntomas pueden confundirse con trastornos como el síndrome de intestino irritable.

Por lo general se revierte reduciendo el consumo de lácteos. Lo más frecuente, en Uruguay y el mundo es que la persona tenga menos enzimas de las necesarias, pero no que no las tenga en absoluto.

Por eso, la solución no pasa por eliminar por completo los lácteos, sino por ir probando hasta dar con la dosis que no haga daño. Los especialistas insisten en que ordenar un “lácteos fuera” empobrece la dieta y defienden la necesidad de llegar a un equilibrio mediante la observación y la colaboración y consejo del médico.

Además recuerdan que “la lactosa está presente en productos elaborados y se utiliza como excipiente de una enorme cantidad de fármacos”, según alerta Tinahones, quien recomienda a los pacientes que lean cuidadosamente las etiquetas.

Miguel Ángel Martínez Olmos, de la unidad de desórdenes alimentarios del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (España), comprobó que si se toman pequeñas cantidades de lácteos de manera natural se induce la actividad de la lactasa que aún tiene el paciente.

Por otra parte depende del animal del que proceda la leche -la de cabra contiene menos lactosa que la de vaca-. También varía si la leche es entera o descremada. Si es entera la tolerancia es mayor, quizá porque la grasa enlentece el vaciamiento gástrico, de manera que la enzima, aunque sea escasa, tiene más tiempo para metabolizar la lactosa.

Algo más: el grado de rechazo se relaciona con la hora del día. “Si identificamos que hay más problemas por la mañana, sustituimos la leche del desayuno por yogur”, explica el endocrinólogo, que ha detectado que aquellos derivados sometidos a procesos de fermentación se toleran mejor.

COMPLEMENTAR. Si se restringen los lácteos de la dieta habrá que compensar su aporte de calcio por otro lado. La mejor forma de hacerlo es con alimentos naturales -espinacas, garbanzos y lenguados- o funcionales, como cereales enriquecidos con calcio. Hay leche sin lactosa e incluso pastillas de lactasa. Será el médico quien decida según cada circunstancia.

Las pastillas, dijo Parallada, son muy prácticas porque la persona las ingiere y después puede tomar la leche sin mayores problemas.

Los lácteos sólo son imprescindibles en la primera etapa de la vida, así que la producción de lactasa comienza a bajar a partir de los cuatro años, y los problemas de digestión aumentan conforme uno se hace mayor.

El déficit puede ser primario -determinado por la carga genética y la edad-, o secundario (y en ocasiones transitorio), provocado por el uso y abuso de antibióticos.

También puede ser consecuencia de una intervención quirúrgica o de patologías que afectan a las vellosidades intestinales, como la enfermedad celíaca, la de Crohn o una gastroenteritis viral. Los expertos no consideran que el número de casos haya aumentado. Pero en España creen que se diagnostican más, sobre todo en adultos. Como le ocurrió a Casey Stoner.

PROTEÍNAS. Otro de los trastornos vinculados a la leche es la alergia a sus proteínas -técnicamente la lactosa es un hidrato de carbono no una proteína-.

En la mayoría de los casos esta hipersensibilidad se desarrolla durante la lactancia o en la primera infancia, de manera transitoria.

En España solo 15% de los niños que la sufren continúan afectados a los cinco o seis años de edad. ¿Síntomas? Los más comunes son los cutáneos (urticarias y eritemas), seguidos de digestivos (vómitos y diarrea) y problemas respiratorios (rinitis y asma). (El País de Madrid y Redacción)

LAS CLAVES

Trastorno que se confunde

A pesar de que puede confundirse con problemas gástricos y trastornos como el síndrome del intestino irritable, la intolerancia a la lactosa se manifiesta cuando el organismo rechaza un tipo de azúcar presente en la leche. Se da tanto en niños como en adultos.

Síntomas en el organismo

El trastorno se produce porque el cuerpo no segrega una enzima necesaria para procesar la lactosa. Los síntomas más comunes son diarreas, vómitos, flatulencias, dolores abdominales y molestias intestinales.

Sustituirla y no eliminarla

Los especialistas no recomiendan que los lácteos se eliminen de la dieta. Existen pastillas de lactasa (la enzima en cuestión) que si se toman antes de la leche evitan la reacción del organismo. Espinacas, garbanzos y cereales con calcio también son aconsejados.

Alergia a las proteínas

Entre los niños puede darse otro trastorno vinculado al consumo de leche: alergia a las proteínas. Si bien puede manifestarse con vómitos y diarrea, en general está acompañada de alteraciones cutáneas y problemas respiratorios como asma. Suele ser algo transitorio.

J.S.S.E.

La intolerancia a la lactosa aumenta con la edad

La intolerancia a la lactosa tiene algo en común con una discapacidad: nadie puede estar seguro de no padecerla algún día. Por mucha leche que alguien beba y por muy bien que le siente, la enzima que la sintetiza, la lactasa, va decayendo a lo largo de la vida y es posible que en algún momento no haya suficiente para procesar adecuadamente los productos lácteos. Entonces, con la ingesta de estos alimentos, comenzará el dolor abdominal, las flatulencias y, en los casos más severos, la diarrea. En la zona mediterránea se calcula que un 15% de la población tiene algún grado de intolerancia. Muchos de ellos ni siquiera lo saben, aunque es una dolencia cada vez más visible, que no más frecuente.

Es más visible porque se diagnostica más, hay más tecnología para hacerlo que hace unos años y los médicos están más sensibilizados con determinados problemas alimenticios, según Fernando Luca de Tena, especialista del aparato digestivo del hospital La Paz (Madrid). “En ocasiones, la intolerancia es un marcador de enfermedades del sistema digestivo”, asegura. Pero no tiene por qué ser así y se puede llevar una alimentación perfectamente equilibrada sin lácteos. De hecho, la mayoría de la población mundial es intolerante a la lactosa tras la lactancia. No así los europeos —los occidentales, por extensión— pero cuando no la toleran lo llevan peor por cuestiones culturales: se halla en un amplio porcentaje de recetas.

Los que descubren que la lactosa les afecta encuentran más limitaciones de las que pensaban. La lactosa, además de en los alimentos derivados de la leche, como yogures, quesos o helados, está presente en embutidos, panes, patatas fritas, incluso en medicamentos. Es un azúcar muy empleada en la industria alimentaria para dar textura a la comida. “Cuanta más elaboración industrial tenga un alimento, más probable es que contenga lactosa”, asegura Oriol Sans, presidente de la Asociación de Intolerantes a la Lactosa (Adilac).

La situación para ellos ha mejorado sustancialmente en los últimos años, según Sans. Por un lado, gracias a que se conoce más la dolencia y los médicos la diagnostican más. “Además, la normativa de la Unión Europea obliga a poner todos los ingredientes de un producto. Antes solo se requería especificar cuando superaba un 25% del total. Esto hacía imposible conocer si llevaban lactosa alimentos con cantidades considerables. Adilac está trabajando en la implantación de un sello como los que se usan para los celiacos, para saber de un vistazo si podemos tomar determinado producto. Ya lo incorporan unas cuantas empresas”, relata.

Otra mejora es que, desde hace algo más de un año, se ha vuelto a comercializar en España una pastilla de lactasa. Se trata de ingerir la enzima que los intolerantes no tienen en suficiente cantidad. Luca de Tena explica que no tiene ningún efecto secundario y que, con su ingesta, la persona que no asimila esta sustancia puede permitirse comer cualquier alimento. “Lo que tiene que regular es la cantidad de lactasa que toma en función de su intolerancia”, cuenta. En opinión de Sans, es una buena ayuda, aunque no recomienda tomarla por norma. “Yo la llevo siempre conmigo por si tengo una comida fuera de la que no estoy muy seguro de los ingredientes o para darme algún capricho de vez en cuando”.

Este producto es muy común en otros países, que lo comercializan bajo docenas de marcas. En España, solo una: Nutira, de los laboratorios Salvat. La clave para tomarla o no y en qué medida está en determinar el grado de intolerancia. Juana María González Prada, experta en dietética, nutrición y alimentación, asegura que ella recomienda adecuar la ingesta de lácteos a este grado, en lugar de tomar la pastilla: “La mayoría de las personas con intolerancia tiene también alguna tolerancia. A lo mejor puede comer queso curado o un yogur. Además, existen leches sin lactosas y muchos alimentos ricos en calcio que la pueden sustituir”.

Noticia publicada el 20/02/2012 en: 

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/20/actualidad/1329759784_191404.html

F.J.S.M

 

El consumo de lácteos ayuda a bajar de peso sin dejar de comer

Articulo de divulgación sacado de la pagina la cronica del quindio. Que te habla de la confusión entre la intolerancia y alergia a la leche de los niños. Y que no por ello se debé dejar de tomar productos lactéos, debidamente tratados.

 Una ingesta inadecuada de calcio ocasiona una mayor resistencia vascular y en consecuencia un aumento de la presión arterial.

La leche es el primer alimento que recibe el humano a lo largo de la vida. Sus derivados son alimento indispensable en la dieta en la mayoría de las culturas y civilizaciones. Esto es debido a su calidad nutritiva, ya que son considerados alimentos completos que aportan prácticamente todos los nutrientes.

Además, ahora los lácteos son productos funcionales por excelencia, es decir que poseen efectos beneficiosos para la salud, adicional a esto ayuda a bajar de peso sin dejar de comer.

La doctora Belinda Vallejo Córdoba, investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C., de México, expuso en el V Congreso Internacional de la Industria Láctea, organizado por Asoleche en Bogotá, los beneficios del consumo de la leche y derivados en todas las etapas de la vida del ser humano.

Algunas personas han crecido con la idea que el consumo de leche y sus derivados aumenta el riesgo a padecer sobrepeso, obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y diabetes. La investigadora puntualizó que “no hay nada más equivocado que todas estas aseveraciones. Por el contrario, la realidad es que el consumo de leche y derivados trae múltiples beneficios para la salud humana a lo largo de toda la vida”.

Asimismo, explicó que la leche, el yogurt y el queso, contienen alto número de calcio, y cantidades importantes de otros nutrientes tales como potasio, magnesio, zinc, vitamina D y proteína que tienen propiedades importantes para promover la buena salud de los huesos. De manera que la mejor manera de aportar estos nutrientes, es con el consumo de 3 porciones diarias de lácteos, no solo por el calcio sino por el conjunto de nutrimentos que estos aportan. Las bebidas fortificadas de soya no constituyen una fuente de calcio comparable a la leche, ya que los beneficios no se encuentran tan biodisponibles.

En cuanto a la intolerancia a la lactosa que presentan algunas personas y se refiere a la aparición de síntomas gastrointestinales asociados a la digestión incompleta de la lactosa. Afortunadamente, no es necesario eliminar el consumo de leche y productos lácteos por este problema, sino la solución es experimentar con consumir pequeñas cantidades y diferentes tipos de lácteos que no contengan lactosa, entre estos últimos están los deslactosados.

Por otro lado, una condición a menudo confundida con la intolerancia a la lactosa, es la alergia a la leche que se presenta tan solo en el 1,3% de los niños. En este caso si es necesario eliminarla completamente de la dieta, sin embargo, la buena noticia es que el 85% superan la alergia cuando llegan a la edad de 4 años.

Otra condición que se presenta son los cólicos en niños menores de un año, sin embargo esto se debe a que su sistema gastrointestinal no está lo suficientemente maduro, por lo que se recomienda el consumo de leche materna o fórmula para antes del primer año de vida.

La doctora Vallejo sostuvo que el consumo de tres porciones de productos lácteos diarios acelera la pérdida de peso y porcentaje corporal de grasa en una dieta restringida en calorías. Esto mismo resulta en pérdida de porcentaje corporal de grasa en individuos obesos, aún sin una dieta restringida en calorías.

Algunos estudios afirman que la vitamina D y el calcio presentes en los productos lácteos son los que ayudan a disminuir el riesgo de padecer obesidad. Sin embargo, el mecanismo de este efecto benéfico se debe a múltiples compuestos bioactivos presentes en estos productos. Se ha demostrado que el consumo de estos suprime la ingesta de alimentos ya que incrementan la saciedad. La mayor evidencia apunta a que son las proteínas de la leche las que tienen este resultado, sin embargo el efecto de la grasa y la lactosa no puede ser descartado. Por lo anterior, el desarrollo de alimentos lácteos funcionales orientados a prevenir obesidad parece ser muy promisorio para la industria.

Además, se ha demostrado que el consumo ayuda a disminuir la presión arterial debido al contenido de calcio, potasio y magnesio presentes. Por otro lado, las fermentadas que contienen péptidos bioactivos específicos reducen la presión arterial en personas hipertensas así como la previenen a muy temprana edad.

Estudios científicos han mostrado que a mayor consumo de leche y sus derivados, menor es el riesgo de padecer diabetes mellitus de igual forma algunos componentes de los productos también tienen un efecto protector contra cáncer de colon, de próstata y de seno.

Toda la evidencia científica acumulada hasta ahora exaltan el gran potencial de los productos lácteos en el mercado de los alimentos funcionales, ya que la leche y sus derivados son un clúster natural de nutrientes que protegen a la salud y mejoran el sistema inmune.

La investigadora concluyó que los estudios publicados en revistas científicas con reconocimiento internacional evidencian los múltiples beneficios de la ingesta de la leche y sus derivados durante todo el ciclo de vida de los humanos. En contraposición, no hay respaldo científico que avale los mitos relacionados con el consumo de leche y productos derivados.

http://www.cronicadelquindio.com/noticia-completa-titulo-el_consumo_de_lacteos_ayuda_a_bajar_de_peso_sin_dejar_de_comer-seccion-general-nota-42248.htm

V.S.C.

Santiveri apuesta por productos sin gluten y lactosa

Las empresas más que nunca dirigen sus productos a las personas que tienen algún problema con la ingesta de algún alimento.

Santiveri acaba de incorporar a su lista de alimentos sin gluten, tres nuevas variedades. Se trata de una nueva versión de sus galletas Dinos, con forma de dinosaurio que encantan a los niños y que ahora saca en una nueva versión bañada de un riquísimo chocolate con leche.

Además, acaba de lanzar también dos nuevas variedades de leche vegetal, sin lactosa y sin gluten, la de almendras y la de arroz, que además llevan certificado bio al ser todos sus ingredientes procedentes de la agricultura ecológica.Se calcula que un 15% de españoles son intolerantes a la lactosa-el azúcar que se encuentra de forma natural en la leche animal- y cada vez hay más personas que aún sin ser intolerantes, prefieren las leches vegetales por su bajo contenido en grasas saturadas y su reducido valor calórico. Ante esta mayor demanda, Santiveri ha sacado dos nuevas leches vegetales con certificado bio, la leche de almendras y la bebida de arroz. Ambas resultan un sustituto de la leche de vaca, ideales para personas con intolerancia o alergia a los lácteos, con celiaquía o con el colesterol alto. La mejor opción también para veganos.Sin lactosa ni proteínas lácteas. Sin gluten. Sin colesterol. 100% vegetal. Sin conservantes ni colorantes. 100% natural.

Leche de almendras bio Santiveri: elaborada con almendras y azúcar de caña de cultivo ecológico. Tiene ese genuino sabor de la leche de almendras tradicional y aporta 120 kcal y 1,6 g de proteínas por cada vaso de 200 ml.

Precio venta al público: 2,75 € litro.

Bebida de arroz bio Santiveri: elaborada con arroz y aceite de girasol de agricultura ecológica. De excelente sabor y fácil digestibilidad, aporta solo 110 kcal por cada vaso de 200 ml.

Precio venta al público: 2,45 € litro.

Pueden tomarse frías o calientes, acompañadas de cereales, galletas, café, té, y sustituir a la leche de vaca en la elaboración de postres y otras recetas.

De venta en tiendas y franquicias Santiveri y en grandes superficies.

Galletas Dinos bañadas de chocolate Noglut.

Sin gluten.

Tras la buena acogida de sus galletas Dinos con forma de dinosaurio, Santiveri lanza esta nueva versión bañadas con chocolate con leche.

Unas divertidas galletas con forma de dinosaurios, aptas para personas con intolerancia al gluten. Gracias a la cuidada combinación de ingredientes y a su original forma, se consiguen unas galletas que harán las delicias de los niños afectados con celiaquía y que querrán compartir con sus amigos.

Están elaboradas con ingredientes que no contienen gluten como almidón de maíz, azúcar de caña, cobertura de chocolate con leche, maltodextrina de patata, grasa vegetal no hidrogenada, harina de maíz, almidón modificado de patata, proteína de soja, fibra de cítricos, gasificantes (bicarbonato sódico), sal, y aromas.

Pueden contener trazas de avellanas.

http://www.tormo.com/noticias/32808/Nuevos_productos_Santiveri

V.S.C.

Unos 16.000 canarios desconocen que son celíacos

Unos 16.000 canarios desconocen que son celíacos, una enfermedad que implica una intolerancia permanente al gluten del trigo, cebada, centeno y avena en personas predispuestas genéticamente y que puede producir retraso del desarrollo y pubertad, además de anemia por falta de hierro.

Estos datos han sido facilitados a Efe por la Asociación Celíaca de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife (ACET), que precisa que uno de cada 150 niños padece esta enfermedad, que también afecta a adultos y puede aparecer en cualquier edad.

En Canarias, aunque no existe un censo oficial, se estima que la padece el 0.7-1 por ciento de la población, aunque sólo hay diagnosticados 2.000 enfermos entre las dos provincias, y es dos veces más frecuente en la población femenina.

Estos datos indican que en las islas hay 16.000 personas que padecen la enfermedad sin ser conscientes de ello, pues el tiempo de espera promedio en adultos para ser diagnosticados -no por necesitar pruebas muy difíciles o caras sino por no sospecharlo- es de 8 años.

En la presentación atípica pueden producirse síntomas muy distintos, como retraso del crecimiento, lesiones en la boca, osteoporosis (huesos débiles) y diarreas, entre otros, lo que dificulta y retrasa el diagnóstico.

El único tratamiento para esta intolerancia es una dieta estricta libre de gluten y por tanto se deben eliminar todos aquellos alimentos que contengan esta proteína, ya sea porque incluyan en sus ingredientes cereales con gluten o derivados de estos cereales (almidones, féculas) o bien por haber sido añadido como antioxidante o vehiculizante de aromas o conservante, como ocurre en muchos de los alimentos manufacturados.

A esto hay que añadir los productos que no incluyen el gluten entre sus ingredientes pero que sí aparece en el producto final debido a la “contaminación cruzada“, lo que ocurre de forma muy frecuente cuando en la misma factoría se mezclan cadenas de producción de distintos alimentos, como gofio de trigo y gofio de millo, por ejemplo.

Dado que todavía no existen una normativa ni europea ni española que exija etiquetar de forma clara y real el contenido de gluten de los productos, la Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE) edita un libro cada año, que se actualiza por internet cuando es necesario, con un listado exhaustivo de los alimentos sin gluten.

Esto es necesario porque actualmente sólo entre el 20 y el 25 por ciento de los alimentos que se exponen en las estanterías de las tiendas de alimentación están libres de gluten.

Además, existen productos específicos en cuya naturaleza entra el gluten y que pueden ser sustituidos por alternativas válidas para que los celíacos puedan degustar alimentos comopan, galletas y pizza.

Entre las funciones de la ACET están la de impartir formación continua y captar socios colaboradores, que incluyen restaurantes, hoteles o cualquier otro establecimiento que sepa o quiera saber qué alimentos se pueden ofrecer y de qué forma para evitar contaminaciones cruzadas.

Otro objetivo importante es ofrecer a sus asociados recetarios y elaboraciones seguras de dietas sin gluten a través de talleres y seminarios.

 

Noticia publicada el 17/02/12 en:

http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=249815

 

F.J.S.M

“Un 2% de los bebés es alérgico a la leche y un 15% de los adultos es intolerante a la lactosa, patologías que es importante no confundir”.

 Noticia publicada el 14 de febrero de 2012 en el diario digital NoticiasMedicas.es

  “Un 2% de los bebés es alérgico a la leche y un 15% de los adultos es intolerante a la lactosa, patologías que es importante no confundir”. Su diagnóstico, tratamiento y evolución son muy diferentes en ambos casos.

Vitoria-Gasteiz, febrero de 2012.- “Confundir la alergia a la leche con la intolerancia a la lactosa es algo muy común entre las personas que padecen una u otra dolencia, sin embargo, el diagnóstico, tratamiento y la evolución de cada una de ellas son muy diferentes”. Así lo ha señalado el Director Médico y alergólogo de la Clínica USP La Esperanza, Juan Díez Melgosa, quien mantiene que para tener un diagnóstico acertado es necesario que los pacientes acudan a su médico para que les deriven al especialista oportuno.

Las proteínas que contiene la leche de vaca son las que producen la alergia a este alimento que se da, en la mayoría de los casos, entre los bebés (aproximadamente el 2%) en los primeros días tras empezar a ser alimentados con biberones de leche adaptada. Las fórmulas de leche adaptada, de inicio o de continuación, se fabrican a partir de leche de vaca modificada para hacerla apta para la alimentación de los bebés. Los síntomas de esta alergia alimentaria son erupción cutánea en zonas de piel en contacto con la leche, urticaria, síntomas digestivos, respiratorios o incluso reacciones anafilácticas graves.

El diagnóstico de la alergia a las proteínas de la leche de vaca se realiza con pruebas cutáneas y análisis de sangre y cuando se confirma la alergia, el pediatra o alergólogo recomienda fórmulas de leche especiales para niños alérgicos. Desde ese momento, el especialista concierta revisiones periódicas para valorar la evolución de la alergia a la leche en cada niño, estableciendo cuándo y de qué forma se puede reintroducir este alimento en su dieta, dado que aproximadamente el 90% de los niños alérgicos a la leche va tolerando su consumo antes de los 6-7 años, bien de forma espontánea o mediante la inducción de tolerancia realizada por un alergólogo.

“Aquellos pacientes que siguen afectados por la alergia a la leche deben seguir evitando el consumo de leche de vaca (al igual que la leche de oveja, cabra y de otros mamíferos, ya que son muy similares a efectos de alergia), todos sus derivados (como el yogur, queso, etc.), productos cocinados con leche o alimentos que en su composición tengan proteínas de la leche ( salsas o comida preparada, galletas, chocolate, caramelos, embutidos, patés…)”, sostiene el Dr. Díez Melgosa.

Para evitar una carencia de calcio en el organismo, la persona alérgica puede tomar suplementos de calcio, alimentos enriquecidos en calcio ( zumos, preparados de soja, etc. ) y otros alimentos que sean naturalmente ricos en calcio como las legumbres, las verduras de hoja verde, algunos pescados, etc.

Por su parte, la intolerancia a la lactosa (el azúcar que está presente en cualquier tipo de leche), suele aparecer con el paso de los años debido a la pérdida en mayor o menor grado de la enzima lactasa, encargada de que se digiera la lactosa.

“Aproximadamente el 15% de los españoles adultos son intolerantes a la lactosa, cifra que aumenta hasta el 90% en el caso de asiáticos y africanos, ya que estos consumen habitualmente menos leche”, confirma el Director Médico de USP La Esperanza.

La sintomatología de esta intolerancia es siempre digestiva, como hinchazón abdominal, flatulencia, dolor abdominal o diarrea, y debe ser diagnosticada y tratada por el especialista del aparato digestivo. Y a diferencia de los alérgicos a la leche, las personas que padecen intolerancia a la lactosa sí pueden consumir algunos productos lácteos porque su concentración en lactosa es menor, como los yogures, y también alimentos creados específicamente bajos en lactosa (leche, yogures, quesos, etc.).

F.J.S.M

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